Si. Finalmente tengo que reconocerlo, tanto tiempo argumentando a propios y extraños sobre la inconveniencia de que se le prescriban estimulantes a los niños … que si los estimulantes son malos… que si cuidadín con la droga dura… que si a donde vamos a parar …y, finalmente tengo que morderme la lengua y aceptar las bondades del metilfenidato, mejora el rendimiento cognitivo (nadie lo duda, muchos estudiantes y opositores pueden dar fe de ello) y además, dado que es seguro… ¡quiero mi dosis ya! Esta es la argumentación de un debate que aparece en el BMJ el 18 de junio. La cosa es sencilla; si algo nos hace mejores y además es sano ¿porqué no?
El caso es que mi posición personal ante el metilfenidato tiene que ver con que ¡no hay ensayos (serios) que respalden su uso! – ¿Qué no hay investigación? – claro que la hay, la del club de la comedia, con un monólogo protagonizado por el amigo J. Biederman, capo del cartel de Harvard. Tiene, por ejemplo un ensayo con Adderall de ¡¡¡tres semanacas, enteritas!!! (con todos los días y las noches, 21 para ser exactos) Probamos durante 3 semanas una droga que luego se suministrará durante años. De este modo tan sencillo podemos demostrar, no sólo que la substancia funciona, si no también que la substancia es segura. A pesar de todo, en sólo 3 semanitas el 70% de los chavales, mostraron efectos adversos (anorexia, insomnio, dolor abdominal, labilidad emocional…)
Pero no vamos a exagerar, también está el famoso MTA. Cuando hablamos de estimulantes para el tratamiento del TDA/H el MTA es “EL ESTUDIO”. Cuatro grupos (estimulantes, intervención conductual, tratamiento combinado e intervención comunitaria) ¿no hay grupo con placebo? ¡alaaaaa… que despiste más tonto! Vaya por dios. - ¿no se eliminarían de los grupos con medicación sujetos que no habían respondido a estimulantes anteriormente? – noooooooo ¿cómo puedes pensar tal cosa?, no los eliminamos, les dejamos irse para su casa…
A pesar de estos y otros despistes casuales (que siempre inclinaron da balanza en un sentido), de los 19 criterios que se consideraron, el metilfenidato sólo fue algo superior a la intervención conductual y al tratamiento comunitario en tres criterios (relativos a la “opinión” de los padres o de los profesores sobre su inatención o su hiperactividad), y esta diferencia se va reduciendo según avanza el tiempo, llegando a no suponer ninguna ventaja sobre los otros grupos, a pesar de que los grupos sin medicación, no continúan el tratamiento durante el seguimiento. A esto hay que añadir que el 64% de los niños medicados, sufrieron eventos adversos, el 3% sufrieron eventos muy graves (que van desde las alucinaciones y la psicosis, a problemas cardíacos).
Pero bueno, confío en aquel principio médico de primum non nocere, por lo tanto… exijo la legalización y quiero mi dosis ¡ya! que igual me viene muy bien pa`lo mío.
Pues en esto andan debatiendo unos señores/as listos/as de las universidades de Manchester y Pensilvania. El amigo Jonh Harris, dice que está bien eso de doparse para rendir mejor y ser más listo, que los estimulantes deberían ser accesibles para todo el mundo (¿por qué no?) Por otro lado la americana Dra. Chatterjee dice que no, que cuidado, que no vaya a ser que luego nos exijan “estimularnos” en el curro o los papás le echen el metilfenidato en el colacao a los críos para que sean los mas listos del cole, que ya se sabe lo de la sociedad competitiva, etc… Y que va a ser que no es tan seguro como nos cuentan e igual nos ponemos malitos de la patata, que debe ser que los chavales diagnosticados de estas cosas de la atención, tienen un corazón a prueba de bomba, pero que el resto de los mortales tenemos que tener más cuidado con estas cosas, que nosequé de la muerte súbita (dicen ahora los de la FDA), que no nos vaya a pillar desprevenidos, que si a lo mejor los estimulantes son algo adictivos… Vamos que para que el niño se esté quietoparao sí que están muy bien, pero las personas sanotas tienen que tener más cuidado, no vaya a ser.
Esta señora tiene también otros argumentos interesantes en contra del uso de estimulantes por parte de la población “sana”, como que “el acceso libre al metilfenidato, podría suponer el sacrificio de la creatividad”. Parece claro que la creatividad requiere de cierta dispersión, a todos nos suena la imagen del genio despistado. De hecho es común que se tranquilice a los padres de niños con diagnóstico de TDA/H diciéndoles la cantidad de genios y famosos que padecían esta “enfermedad”. Efectivamente Einstein, Mozart, Edison o Leonardo Da Vinci eran HIPERCREATIVOS, gracias a dios, nadie estuvo allí para curar su hipercreatividad.
Habrá quien sea de la opinión del señor Harris, que si con la pastillita eres más listo y no es peligrosa, pues pastillita para todos. Habrá quien tenga la opinión opuesta y plantee que si la pastillita es peligrosa es probable que los beneficios no compensen los riesgos (aunque para esto Harris propone una advertencia similar a la que a aparece en las cajetillas de tabaco, algo así como “Sí, muy listo, sí... pero dale suave que igual cascas”).
Lo que no acabo de comprender es la postura que defiende su prescripción a niños hipercreativos, pero advierte los peligros de su uso por parte de la población “normal” (hipocreativa, supongo).