Según un reciente informe aparecido en la prensa local, en el estado de Australia Occidental, con una población que no llega a los 2.200.000 habitantes, 35 niños de menos de 4 años de edad, fueron medicados con antidepresivos (ISRS) 8 de estos niños todavía no habían cumplido el añito.
Obviando la salvajada que supone administrar estas substancias en una etapa crucial en el desarrollo del sistema nervioso, la verdad es que tengo un genuino y verdadero interés por conocer el proceso de evaluación que le hicieron a los chavales. –Si… Sra Smith, la sintomatología es clara, llantos frecuentes sin causa aparente, permanece la mayor parte del tiempo acostado e inactivo, desajustes en los ciclos sueño-vigilia (se despierta por las noches a horas intempestivas y duerme durante el día) y ese empreño en gatear y acercarse a los enchufes denota claramente ideación suicida y evidentes intentos de autolisis… su bebé está deprimido.
Un par de días después de que se publicara el artículo, los del The West Australian, que son unos cachondos publicaron esta viñeta. ¿Alguna vez os preguntasteis qué pasaría si Jesús naciera en la actualidad? -Obviamente el pobre niño está deprimido, ningún juguete por navidad, aparte del incienso y la mirra, unido al estigma social de haber nacido en un pesebre. Le voy a dar unos antidepresivos.
Si quieres publicar un estudio, sólo te hace falta tener un montón de gente que se deje medir cosas… tarde o temprano encontrarás relaciones (a veces de lo más peregrinas) entre factores de lo más dispares. En el caso de que decidas medir parámetros objetivos fácilmente observables, seguramente encontrarás dificultades. Por eso, recomiendo encarecidamente recurrir a variables psicológicas, especialmente si se trata de diagnósticos o categorías, ya que éstas son más flexibles y se adaptan fácilmente a nuestras necesidades. De ahí que difícilmente encontraremos en la literatura científica estudios con títulos como “Las personas rubias tienen mayor concentración de ácido úrico en sangre” o “Los hombres con pelo en la espalda tienen mayor tendencia a desarrollar diabetes”. Sin embargo, es muy habitual encontrarse con estudios del tipo “los niños bajitos tienen menos autoestima”, o como el reciente estudio publicado por la Clínica Mayo en la revista Pediatrics en el que se relaciona el estrabismo con la enfermedad mental.
Los investigadores encontraron mayor incidencia de enfermedad mental en jóvenes que habían padecido estrabismo cuando eran niños, que en un grupo control en el que esta circunstancia no se daba. Curiosamente, en esta investigación no se encontraron diferencias entre los niños con “esotropía” (ojos-pa-dentro) y los niños del grupo control, sin embargo sí que encontraron diferencias importantes en el caso de niños con “exotropía” (ojos-pa-fuera) y especialmente en los casos en que la exotropía es intermitente (ojos-pa-fuera-ahora-si-ahora-no-ahora-si-ahora-no).
La conclusión de los investigadores es (obviamente) que los niños con estrabismo tienen más posibilidades de DESARROLLAR una enfermedad mental en la adultez, cuando lo que realmente demuestra el estudio es que los niños con estrabismo tienen más posibilidades de SER DIAGNOSTICADOS de alguna enfermedad mental. Dependiendo del valor que le demos al diagnóstico y de nuestra consideración acerca de cómo se originan, podemos establecer distintas hipótesis.
a) Existe algún factor orgánico que influye de la misma manera en la alineación de los ojos y en la salud mental (pos bueno, pos vale)
b) Esta condición física (y estética) de los niños les hace (por ejemplo) constantes objetos de burla, lo que determina su desarrollo emocional. (como ser bajito, gordito, llevar gafas, ortodoncia, tener los pies planos, etc, etc, etc, sin embargo en estos casos parece que, de momento, este fenómeno no se da, hasta que se les ocurra investigarlo).
c) Personas que "miran raro" que se encuentran vayan a ver a un especialista, es muy probable que salgan con un bonito diagnóstico de su despacho
d) Los investigadores se aburrían.
Evidentemente debemos descartar la opción C, porque la experiencia y la historia nos han demostrado que en general, los especialistas no se equivocan en el diagnóstico y no se dejan engañar por factores externos. Además actualmente se usan complejos e infalibles instrumentos de diagnóstico comooooo……eeeeeehhhh……., esteeeeee……¡Ah, sí! el objetivísimo criterio clínico y la experiencia (que son unos aparatos sofisticados que lo flipas) y últimamente se desarrollan también unos test de alta tecnología en los que, por ejemplo, si uno dice que tiene un humor deprimido, tristeza (melancolía), desesperanza, desamparo e inutilidad (primer ítem del Hamilton)…es muy probable que esté deprimido (si yo…. últimamente ya lo estaba sospechando).
Si los chavales con estrabismo tienen más posibilidades de ser diagnosticados de algún trastorno mental que la población general, estos chavales lo tienen mu negro ya que, según otro reciente estudio, la mitad de los adultos jóvenes tienen algún trastorno mental, así que ya sabes: si tienes entre 19 y 25 años, estás con un colega de tu edad y no le notas nada raro… vete planteándote que eres tú el que no anda muy bien de lo suyo, así que a visitar a un especialista (es que hay que llenar las salas de espera de alguna manera), en el caso de que tengas estrabismo, ya ni te lo plantees: al psiquiatra de cabeza.
¿Es realmente trascendente esta supuesta relación estrabismo-salud mental? Sin duda!!! responden los investigadores, el conocer este factor de riesgo nos permitirá adoptar las medidas preventivas necesarias. “Medidas Preventivas” en estos casos suele significar que podremos tener a los padres a los profesores y al pediatra del niño muy atentos (mirando fijamente, con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido) y así podremos interpretar cualquier comportamiento como un síntoma.
-Sr Director, Manolito ha suspendido ocho
-Este colegio está lleno de gamberros ¿Qué Manolito?