27/11/08

UNA DE GANGSTERS

Antes de continuar leyendo, tenga en cuenta que es posible que yo sea partidario de teorías conspiranoides inducidas por la Cienciología y sectas afines, que únicamente buscamos boicotear a la desinteresada industria farmacéutica, oponiéndonos al progreso de la ciencia y del sentido común. Tengo que indicarle antemano, que si a pesar de la advertencia continúa leyendo y comienza a sentir cierta animadversión hacia los hechos aquí se exponen, es posible que esté usted cayendo en manos de una peligrosa secta destructiva. Sepan ustedes también, que la información que aquí aparece fue extraída, entre otros medios, de papeluchos sin importancia que nuestra organización tiene controlados como son el New York Times y el The Boston Globe.

En otra ocasión ya contara que a un tal Dr. Biederman lo habían pillao con el carrito del helao. Ya contáramos que este señor es un number guan de la psiquiatría infantil en los Estados Unidos, en parte papá del diagnóstico de Trastorno Bipolar Infantil (resulta que antes no existía tal enfermedad en niños, pero esto de los trastornos es lo que tiene, se reproducen rápidamente y si no, nos lo inventamos) y también propulsor de la prescripción de antipsicóticos en adolescentes y niños, incluso menores de 6 años. También mencionáramos que a alguno, como era el caso del Senador Grassler, le dio por pensar, fíjate tu que tontería, que a lo mejor, las ayuditas que le daban las farmacéuticas al amigo Biederman (con un montón de ceros) podían estar afectando a su objetividad.

Pues, el caso es que el hombre aún estaba intentando salir del fango (que si no era para tanto… que si sólo me daban pa-los cafeses… que si las fotocopias van mu caras… que si me olvide de declararlo porque ando mu estresao, etc.) cuando ¡vaya por Dios!, lo han cogido otra vez.

Han salido a la luz una serie de e-milios y documentos que revelan que, digan lo que digan, el Dr Biederman y Johnson & Johnson (fabricantes de Risperdal, uno de los antipsicóticos con los que se está tratando el supuesto Trastorno Bipolar Infantil) no son sólo amigos, mis fuentes me aseguran que hay algo más.

Resulta que en Estados Unidos, si bien los psiquiatras pueden prescribir medicamentos para enfermedades para las que no fueron aprobados, las farmacéuticas no pueden publicitar sus productos para estos usos. Por lo que, una de las estrategias que utilizan estas empresas para esquivar la ley y promover usos no reconocidos de sus productos, es pagar a reconocidas personalidades para que hablen de ellos en reuniones, ponencias y congresos. En 1999 un ejecutivo de J&J solicitaba a sus superiores la aprobación de un cheque para “agradecerle” al Dr. Biederman una conferencia que había dado en la Universidad de Connecticut. En el milio decía “El Dr. Biederman no es alguien al que andar mareando, es un orgulloso figura nacional de la psiquiatría infantil y tiene la mecha muy corta” explicaba que el pollo en cuestión estaba cabreado porque J&J había rechazado una petición de 280.000 $ para investigación y “nunca había visto a nadie tan enfadado” “desde ese momento, nuestro negocio se convirtió en inexistente en su área de control” y termina “realmente temo las consecuencias” (parece que acojona, aquí el Dr. Padrino)

El angelico este (en lo sucesivo “El Bidi”), también estuvo presionando a J&J para la creación de un centro de investigación para el estudio de la psicopatología pediátrica, centro que, evidentemente dirigió. Según la memoria del 2002, la investigación realizada en este centro debía satisfacer entre otros criterios, “dirigirse hacia los objetivos comerciales de J&J” (investigación objetiva y totalmente desinteresada). Según Georges Gharabawi (un ejecutivo de la compañía), El Bidi, les había pedido en múltiples ocasiones la creación del centro, con el objeto de “generar y diseminar datos que apoyen el uso del Risperdal” en niños y adolescentes. Finalmente el centro se fundó. Sólo para el año 2002 tuvo un presupuesto de 700.000 dólares.

En Junio del 2002, otro ejecutivo de la farmacéutica, le envió un milio al Bidi , en el que incluía un breve Abstract de un estudio sobre el uso del Risperdal en adolescentes “Trastorno de Comportamiento Disruptivo” para presentar en un encuentro de la academia americana de psiquiatría infantil. El ejecutivo, Dr. Pandina, indicó que había un pequeño problema, y es que el medicamento mejoraba el comportamiento pero el placebo también, así que “si pudieras, danos alguna idea de cómo manejar esto”. Ni que decir tiene, que el Abstract, omitía este importante dato. Al mismo tiempo le pedía al Bidi que firmara el estudio (parece que esta también es una práctica común; nosotros hacemos un estudio sobre nuestro producto y le pagamos a un investigador reconocido para que lo firme como autor, una práctica que los americanos llaman ghostwriting), a lo que El Bidi accedió sin problema.

Estudios güenos güenos como éste, realizados en centros de investigación especializados, objetivos e independientes como este, firmados por eminencias superexpertos quetecagas, que no se equivocan nunca como este, son los que consiguieron que, finalmente, la FDA aprobara el uso del Risperdal (o Risperidona) para tratar el Trastorno Bipolar en niños. En España, también es utilizado con frecuencia en combinación con los estimulantes, para el tratamiento del TDAH (vamos, una bomba).

20/11/08

UNAS REFLEXIONES (en el Día Universal del Niño)

Pues la cosa es que estoy en un lío… yo, que voy de progre por la vida y llega un hijo de la Gran Bretaña (del mismo Middlesbrough, no se vallan a pensar) y le pone a uno a pensar. Aclarándonos: a algunos, nos da por pensar que las leyes deberían ser conjunto de normas que ordenaran y facilitaran convivencia, y no una serie de normas que tengan por objeto regular la moral de cada persona. De forma que: sabe usted que no debe matar a nadie, no por que haya que ser bueno (que hay que serlo, y lavarse las manos antes de comer) si no porque que te maten suele resultar bastante desagradable. De la misma manera sabe que no debe usted robar, no porque sea pecado (que lo es, y arderás en el infierno) si no porque es probable que las cosas que usted le sustraiga al fulano en cuestión, seguro que él preferiría conservarlas consigo. Vamos que la ley no debería pretender regular las morales ajenas en tanto que inevitablemente nos encontraremos con que el legislador intentaría imponer sus propios criterios morales a los demás. Un ejemplo fácil lo constituyen aquellos casos en los que el poder, en su afán por librarnos de la profundidad del averno se mete en nuestra cama, en estos casos, algunos solemos escandalizarnos cuando en algunos países se prohíben, por ejemplo, las relaciones homosexuales o determinadas prácticas sexuales.


De manera que, en el orden legal, como en el orden moral o incluso en lo relativo a la salud mental, algunos pensamos que los límites son los que impone el propio criterio y evidentemente el de nuestro/s partenaire/s, con la excepción (de nuevo evidente) de los casos en el que el pretendido compañero es un niño (en la medida en que a estos tendrán un criterio menos formado y una posición de inferioridad). Es decir, que mientras usted no moleste a nadie, se puede hacer sus cositas como mejor le parezca; ¿que le gusta andar por casa con las pinzas de tender la ropa enganchadas en los pezones? Pues por mi parte, nada que objetar, lo más que podemos pedir es que elija unos colores que le combinen con los ojos.

El asunto es que yo estaba convencido de todo esto cuando me encuentro con una noticia en el Gazzete Live que me hizo replantearme algunas cosas y me sitúa en el limbo de la indecisión. A un tal Robul Hoque, lo cazaron en Reino Unido con el disco duro de su PC cargadito de imágenes de pornografía infantil, la peculiaridad del caso en tales imágenes no aparece ningún niño, al menos ningún niño real, todas las imágenes eran generadas por ordenador. El caso es que el Sr. Hoque no ha contactado con ningún niño, no ha realizado ninguna foto, ni siquiera ha generado las imágenes y tampoco las ha distribuido. Vamos, que la única razón para condenarlo sería su propia degeneración moral (y aquí es donde ando yo peleándome conmigo mismo… que alguien me ayude). ¿Debe ser este hombre condenado? Mi primera respuesta es que sin duda (luego comienzo a dudar). Un argumento aplicable es el que planteó el jurado, es que semejante individuo tarde o temprano pasará del dibujo a la carne ¿debería condenarse a alguien por un delito que podría cometer en un futuro? El caso es que la respuesta del jurado a estas preguntas es algo así como “Sí, pero poco” de manera que el Mister fue condenado a 18 meses de trabajo comunitario, a supervisión y a iniciar un programa terapéutico para agresores sexuales a través de Internet, además será incluido durante 5 años en el registro de agresores sexuales.

Otro planteamiento es que quizá este hombre sea un pobre enfermo mental (es una cualidad de los diagnósticos en psicología…que pueden redimir la culpa) ¿existe entonces, una enfermedad mental de carácter moral? En ese caso ¿Cuál es el criterio moral? ¿Quién lo propone?. Si la respuesta fuera afirmativa atenderíamos a los floridos argumentos de los Polainos y Rojas, sanadores de desviados e invertidos. Por otra parte el manual yanki de ponerle nombres chulos a las cosas, el DSM IV, establece como criterio para un diagnóstico de pedofilia, que las fantasías, impulsos sexuales o los comportamientos deben provocar malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Entendemos que los remordimientos, la lucha contra el impulso puede provocar un malestar “clínicamente” significativo (nos encontraríamos ante una persona que percibe estos impulsos como un problema, por lo tanto, susceptible de ser ayudado), pero también entendemos que una condena en prisión, provoca habitualmente deterioro social, laboral y en otras áreas de actividad. Es decir, según los criterios del DSM-IV solamente sería un solemne capullo aquel que tiene fantasías, impulsos sexuales y comportamientos hacia/con niños, no se arrepiente y no lo cazan, en el momento en el que el capullo en cuestión es arrestado y condenado se convierte automáticamente en un pobre enfermo mental. ¿Alguien lo entiende?

Sabemos que hay personas que intentan controlar pensamientos o impulsos de este tipo y esto les provoca un tremendo sufrimiento (esto sí es un problema). Pero en medio del fuego cruzado entre los determinismos (social o genético), tendemos a responsabilizar a la sociedad o a la herencia de la conducta de las personas, restándole poder al libre albedrío y quitando a la gente la inestimable oportunidad de ser buenas o malas personas. En definitiva; que hay personas “enfermas”, sin duda… pero también hay algún que otro cabrón.


La noticia aparece en Gazzette Live

12/11/08

CHAVALES, ANSIEDAD, SEXO Y DELINCUENCIA

Es que veo al chaval un poco raro… últimamente me tiene bastante preocupado, se le ve solitario, tímido, nervioso, casi no tiene amigos, parece que está siempre en su mundo. Pues nada, ya puedes estarte tranquilo machiño, la ciencia está de tu lado, si tu hijo cumple estos requisitos puedes estar seguro de que no andará por ahí con la navaja que se trajo de la excursión a Toledo quitándole los leuros a los compañeros, ni atracando a mano armada una ferretería. Incluso es posible (mira tú) que si llega a delegado de su clase sea capaz de rechazar el cobro de comisiones ilegales. Vamos, que si tienes un chaval así, puedes estar seguro de que no vas a ir a recogerlo nunca al cuartelillo, ni siquiera por llevar el monopatín demasiado rápido. La pena es que tal profilaxis dura sólo hasta los 21 tacos, después ya delinquen a gusto, como cualquier otro sinvergüenza, pero… a esa edad… ya le tocará pagar a él el pato, únicamente tendrás que preocuparte de si le escondes la lima dentro del bocadillo de choped o en una biblia, cuando lo visites en talego-dor ciudad de vacaciones.



Estas son, básicamente las conclusiones a las que llegaron el Dr. Georgia Zara, de la Universidad de Turín y el Dr. David Farrington de la de Cambridge, en un estudio en el que exploraban si hay algunos factores en la infancia que pueden retrasar el inicio de la actividad delictiva hasta la edad adulta. Según el trabajo de estos señores los niños tímidos, nerviosos, neuróticos y solitarios, no suelen cometer actos delictivos durante la adolescencia, sin embargo este efecto, no se mantiene en la edad adulta. Los “delincuentes tardíos” se diferencian de aquellos que comienzan a delinquir en la adolescencia, en que los primeros suelen ser nerviosos y tener pocos amigos entre los 8 y los 10 años, además, normalmente no tienen relaciones sexuales hasta los 18 años. Al compararlos con la población que no delinque, estos delincuentes tardíos suelen ser más ansiosos (vete tu a saber que quiere decir eso) entre los 12 y los 14 años y mucho más neuróticos (me remito al anterior paréntesis) cuando cumplen los 16.

El estudio aporta algunos datos que pueden ser interesantes para una persona curiosa, o para abrir nuevas líneas de investigación. Pero, como los artículos hay que concluirlos, y para concluirlos no hay nada mejor que una conclusión, pues van estos dos y de forma concluyente concluyen que este conocimiento podría servir para orientar actuaciones preventivas (bonita palabra), según ellos; teniendo en cuenta estos potentes predictores hallados en el estudio, podríamos actuar sobre ellos dirigiéndolos (p.e. el nerviosismo), manteniéndolos bajo control (p.e. la ansiedad) o modificándolos (p.e. no teniendo relaciones sexuales) ¿?¡!¡¿?. Y de nuevo la cosa está muy requeteclarísima: si dos variables se relacionan, y una ocurre antes que la otra, resulta que la primera indudablemente es la causa de la segunda, así que – Señora mamá y Señor papa: sin no quieren ustedes tener un hijo adolescente-delincuente pónganle un cinturón de castidad marca Acme (no se asusten, ya los fabrican de fibra de carbono, ¡donde va a parar! mucho más ligeros, no se oxidan…) o un poquito de bromuro con el colacao.

Esto ha salío de: Psychcentral

3/11/08

ANSIEDAD INFANTIL (o... dejad que los niños se acerquen a mí)

La salud mental infantil, es todavía un mercado sobre el que algunos están echando el ojo pero … Titirititititirititi, ¡ala!¡Todos contentos!, se acabó la discusión… que si el chaval está algo nervioso, que si será mejor llevarlo al psicólogo, que no, que no, que es mucho mejor darle una pastillita, que se queda suave como la seda, que si… Pues nada, para eso está la ciencia, nos hacemos un ensayito clínico, sacamos la cinta métrica, medimos las cosas de medir, lo publicamos en una revista médica de las güenas güenas, todos los medios relacionados con las “psi” y los no tan relacionados se hacen eco del tema y se acabó la polémica; un cachito del pastel pa cada uno (todo muy equitativo) y aquí paz y después gloria.

Además… si ya estaba clarinete, caía de cajón, ¡¿cómo no se nos había ocurrido antes?! (que se nos había ocurrido, pero con resultados bien diferentes)… claro: si la pastillita cura un poquito y la psicoterapia cura otro poquito pues… las dos cosas juntas curarán un güebo y parte del adyacente. Pues el caso es que unos señores publicaron un artículo en el New England Journal of Medicine en el que comparaban la Terapia Cognitivo Conductual, la Sertralina (un antidepresivo ISRS) y la combinación de los dos tratamientos para el tratamiento de la ansiedad en chavalines (de 7 a 17 años). Un estudio “totalmente independiente” encargado por el National Institute of Mental Health, según este estudio gana por goleada la combinación de tratamientos a los otros dos tratamientos, pero que cada uno de ellos por separado también curan mucho.

La cosa es que, cuando veo una noticia tan importante, referidas a un artículo… voy y me lo leo, y tras leérmelo pues me salen un par de pegas (el tratamiento combinado tiene resultados en un 80% de los casos y teniendo en cuenta que los tratamientos, del tipo que sean, que superan el 70% de “éxitos” son prácticamente inéditos en salud mental, unas mejorías tan espectaculares resultan, cuando menos sospechosas). La primera pega que se me ocurre es con aquello de “estudio independiente”: el estudio está firmado por 13 señores/as, que también deben ser independientes y por tanto, en un acto de supina honradez (no es ironía), o por exigencia del guión, declaran al final del artículo quién les paga las habichuelas… y empiezo a leer que el primer mencionado, Dr. Walkup (que debe ser el que más manda) recibe honorarios por consultoría de, Eli Lilly, Jazz Pharmaceuticals y Glaxo Smith Kline entre otros, al Dr. Birmaher le pagan Jazz Pharmaceuticals y Solvay Pharmaceuticals, al Dr Rynh son Neuropharm, Boetlinger Inglheim Pharmaceuticals y Wyeth Pharmaceuticals los que le aportan sustento, y así con otros, a la lista de patrocinadores se suman Sanofi-Aventis, Bristol Myers Squibb y la propia Pfizer que fue quien les proporcionó “by the face” la sertralina y el placebo que se utilizó en el estudio.

Pero, pensando que personas vinculadas a determinados intereses, podrían ser objetivos (e independientes de esos intereses) cuando trabajan en un estudio (que se puede), seguimos leyendo el artículo. Pues bien; se trata de un ensayo en el que se comparan cuatro grupos distintos de tratamiento, un grupo tratado sólo con el medicamento, un segundo grupo tratado sólo con Terapia Cognitivo Conductual, un tercer grupo tratado con ambos (sertralina y ) y un cuarto grupo tratado con un placebo. Se trata de un ensayo de 12 semanas… (debemos saber que la mayoría de estudios que implican tratamiento con fármacos son de 12 semanas, curiosamente es en este punto en el que mejor funcionan, a partir de ahí y en torno a la semana 16 los resultados del grupo tratado con un fármaco habitualmente comienza a acercarse peligrosamente al grupo tratado con un placebo y… podría parecer que no sirven demasiado, aunque prometen hacer un seguimiento de 6 meses). También resulta extraño que los experimentadores se hayan olvidado de incluir un grupo combinado de + placebo. Los chavales incluidos en el grupo placebo no saben (evidentemente) si están recibiendo medicación o un pastillita de azúcar, los incluidos en el grupo de la medicación tampoco lo saben, sin embargo, los incluidos en el grupo combinado saben que reciben terapia y además que están recibiendo medicación.

Sobre la selección de la muestra a estudiar: seleccionaron sobre 3.066 chavales una muestra total de 488, a repartir entre los cuatro grupos. Tendrían que ser niños diagnosticados de ansiedad por separación, ansiedad generalizada o fobia social. Se eliminaron del estudio entre otros, aquellos que tenían una “condición médica inestable”, que se negaban a acudir al colegio a causa de la ansiedad (es decir era necesario que estuvieran algo malitos… pero sin pasarse). Además, también fueron excluidos ¡aquellos que no habían respondido anteriormente a 2 ensayos con medicación o uno con CTT!... evidentemente es una muestra representativiiiiisima de la población general.

Según los resultados, el grupo tratado con placebo mejoró en un 23,7% de las ocasiones, el grupo tratado sólo con el medicamento mejoró en el 54,9%, el grupo tratado sólo con CTT mejoró el 59,7% y el grupo con terapia combinada mejoró el en el 80,7% de los casos.

También son curiosas las tablas relativas a efectos secundarios, evidentemente el grupo que refirió en un mayor porcentaje efectos secundarios fue el grupo tratado con medicación (en el 48,9% de los casos) y curiosamente el segundo grupo en el que los chavales se quejaron de efectos secundarios (un 43,4% de las veces) fue, el grupo tratado con el placebo que generosamente cedió Pfizer. Sin embargo, cuando se aíslan los efectos secundarios de orden “psiquiátrico”, quien sale perdiendo con diferencia es el grupo tratado con la “terapia combinada”, los chavales tratados con Terapia Cognitivo Conductual y Sertralina estaban, más activos, más macarrillas-desafiantes, más agitados, agresivos, impulsivos, nerviosos y ansiosos, además pensaron en más ocasiones suicidarse, aunque a un par de chavales tratados sólo con el fármaco se les ocurrió que era mejor “suicidar” a otros.

En resumen, que al estudio yo le encuentro un par de peguitas, que pueden ser atribuidas a múltiples condiciones, entre ellas que yo estoy influenciado por teorías conspiranoides arrojadas contra las inocentes y benévolas compañías farmacéuticas, o incluso es probable que pertenezca a la iglesia de la cienciología. Pero el caso es que algunos compañeros le encontraron al trabajo más granos (que omito porque esto me esta quedando muy largo y luego mi mujer se queja), pero me apetece hacer alguna reflexión.

¿Porqué los medios que se hicieron eco de este trabajo titularon los artículos algo así como “la combinación de fármacos y psicoterapia demuestran ser efectivas para el tratamiento de la ansiedad infantil” y no algo más preciso como “la combinación de fármacos y demuestra ser efectiva para el tratamiento de niños que previamente ya habían respondido adecuadamente a otros tratamientos, que estén diagnosticados de ansiedad infantil LEVE”?

¿Es necesario poner a tratamiento (del tipo que sea) a un chaval con una ansiedad leve, que no le condicione la vida, o quizá sería más positivo y menos dañino tratar con los padres alguna pauta orientativa?
¿Qué pasaría si incluyéramos en el estudio alguna otra orientación de psicoterapia? ¿Qué pasará cuando se retire el fármaco? ¿o es que no se retira? ¿Qué pasará a partir de la semana 16? Todo esto y mucho más en el próximo capítulo.