
La confrontación de distintos modelos de realidad en psicología no es nueva, desde siempre existen distintas explicaciones acerca del comportamiento humano, distintas visiones de la realidad. Esto, además de no ser una cuestión nueva, tampoco es algo que sólo ocurra en nuestra disciplina (¿disciplina? – no me gusta, pero la verdad no se me ocurre un término para sustituirlo) esto ocurre en la sociología, antropología, filología incluso en la biología, la física o las matemáticas.
A menudo nos encontramos entrampados en absurdas discusiones (en muchos casos imposibles, porque los propios lenguajes son distintos), en el desprecio y la acusación al “otro”... que si tu modelo es dogmático, o el tuyo poco científico, que si no es más que mera curandería, que si tus resultados son iguales al placebo, que si los míos son mas rápidos, que si…
Y de repente resulta que hay una persona que sufre, se encuentra con este menú en el que además casi ningún plato está en “cristiano” (una lectora me ha llamado la atención sobre el desconcierto que provoca a las personas que buscan soluciones en esta inmensa carta, especialmente si quieren elegir de forma consciente, sabiendo que no es lo mismo acudir simplemente a un psicólogo, que acudir a un psicólogo humanista, por ejemplo). El cliente tiene que elegir entre psicoanálisis, análisis transaccional, terapia gestáltica, terapia sistémica, postmodernista, integrativa, humanista, cognitiva, conductual, cognitivo-conductual, bioenergética, quizá sea mejor buscar un psiquiatra o un counsellor o mejor un coach, pero será mejor un coach “ontológico” … pfffffff!!! A esto en Galicia le llamamos “loquear”.
El problema está cuando no queremos elegir al azar, queremos tomar una decisión correcta, no perder nuestro tiempo y nuestro dinero. Y la decisión no es en absoluto banal, dependiendo a que puerta llame, una persona puede entrar con problemas para dormir y salir con un trastorno de ansiedad generalizada, un complejo de Edipo sin resolver, un estado del “yo niño poco desarrollado”, un problema en los circuitos serotoninégicos, baja autoestima, pensamientos distorsionados, algún que otro relato, o puede incluso llegar a darse cuenta que en realidad es un paciente identificado que está intentando resolver un conflicto entre sus padres…. y seguimos “loqueando”. Pero además dependiendo a que terapeuta acuda recibirá muy distintos tratamientos: le darán pastillas, le harán relajarse, le preguntarán por la relación con su madre, le mandarán cambiar el colchón, lo hinpnotizarán, le dirán que se ponga siempre el mismo pijama, le podrán música con sonido de pajaritos, le pedirán que le hable a una silla, que intente no dormir, que haga unas flexiones o que se traiga a sus padres a la sesión y si es posible a sus abuelos… y ya “loqueamos” del todo.
Si después de leer esto, alguien tiene el valor de acudir a un psicoterapeuta (espero que sí, vivo de esto) y sigue dudando a dónde acudir, mi visión personal poniéndome en el punto de vista del cliente es:
……………………..y estos mandamientos se resumen en dos “lo que ME vale” y “lo que no ME vale”, es decir al cabo de un tiempo en terapia (suponiendo una terapia ya iniciada, el problema de elegir el terapeuta no he logrado solucionarlo, se puede recurrir al azar, o preguntar a algún conocido) uno debe preguntarse: pero...¿duermo?.
He destacado el ME en mayúsculas porque pienso que a quien le debe “valer” es al cliente, no al terapeuta. Puede pasar que el cliente duerma (me vale) pero el terapeuta lo interprete como una “huída hacia la salud” para evitar tratar los temas realmente importantes, o puede pensar que se ha solucionado sólo la “punta de iceberg” pero el problema subyacente no está solucionado. O puede pasar que el cliente no duerma (no me vale) pero el terapeuta puede interpretar que el cliente “se resiste” al cambio porque está obteniendo “ganancias secundarias”, o que aunque siga sin dormir sus padres se llevan mucho mejor, o que ya no tiene pensamientos distorsionados (ahora todos sus pensamientos serán torsionados).
El problema surge cuando el cliente aprende a hablar el lenguaje del terapeuta, se olvida de que no duerme, empezando a preocuparse por la relación con su madre o su ansiedad, su inconsciente, su estado del yo padre, o la triangulación o cualquiera de las teorías que le hayan enseñado. Siempre me he preguntado por el mecanismo por el que una persona lleva años en tratamiento sin conseguir soluciones y continúa acudiendo sesión tras sesión.
Así que, si puedo dar un consejo: ¿te ayuda? estupendo, ¿no te ayuda? a otra cosa mariposa.