
Algunos, ya entrados en los 30, pertenecimos a una generación de “frikis” seguidores de Bruce Lee, que convivimos con los primeros apasionados por Star Wars (aunque el Sr. Lee murió en el 73, sus películas todavía eran difíciles de encontrar en mi ciudad, especialmente para aquellos que apostamos por el Betamax). Había casos extremos de frikismo en los que se mezclaba la sintomatología (terrible: Bruce Lee Vs Chewaka... esto se sale del manual).
El caso es que además de ser un chino que repartía castañas a diestro y siniestro pegando agudos chillidos, creo que Bruce Lee tuvo un papel importante en el hecho de que muchos occidentales nos asomáramos, aunque fuera de forma superficial, a la cultura oriental, mostrándonos una filosofía flexible, relativista , y que valora la globalidad frente a la visión occidental de ese momento; rígida, positivista y polarizada. A muchos no resultó fascinante.
Años después cuando esos frikis venidos a menos (¡cobardes! Los de las galaxias crecieron y se multiplicaron), nos considerábamos todavía “el guardián de la puerta” del conocimiento del Maestro Lee; va un tipo…y hace un anuncio. Ahora ya todos sabemos que tenemos que ser agua, que el agua es fuerte por que puede romper rocas, pero al mismo tiempo puede pasar por cualquier pequeña rendija, convirtiéndose en el recipiente que lo contiene, sea cual sea su forma: ¡Es potente ser blando, amoldable y flexible!
A pesar de que es algo ya todos conocemos (por alguna razón “rígido” ya suena feo), muchos profesionales de la salud mental seguimos empeñados en construir llaves maestras que curen a todos los que sufren. Y lo peor de todo ¡las encontramos!. Los manuales están llenos de recetas perfectas para cualquier tipo de problema que se presente. Lo malo, es que existiendo tratamientos de una gran efectividad, la gente no nos hace caso y se empeña en seguir enferma ¿…?
Evidentemente, cuando el “paciente” no se toma la pastilla, no realiza la tarea que le proponemos o sigue empeñado en pensar de modo distorsionado, la culpa no será de terapeuta o de su terapia, la culpa será del “paciente” por que “no se adhiere al tratamiento”.
Así nos encontramos con el, en muchos casos falaz, juego de la interpretación de resultados en investigación. De manera que nos encontramos con tratamientos con una efectividad muy próxima al 100% “siempre y cuando el paciente se adhiera al tratamiento” (yo propongo el tratamiento perfecto contra el tabaquismo: “deje usted de fumar”, en la medida en que siga usted mi instrucción acabará con su adicción. Efectividad 100% “siempre y cuando el paciente se adhiera al tratamiento”).
Reclamo para el terapeuta, una buena parte de la responsabilidad sobre los resultados de su terapia, especialmente, responsabilidad sobre el fracaso. En el mundo hay muchas personas que llevan años intentando solucionar sus problemas acudiendo a un terapeuta y preguntándose que es lo que “ellos” están haciendo mal (no se adhieren al tratamiento, pero llevan un tratamiento permanentemente adherido).
Busquemos la forma de que los tratamientos se ajusten a las personas que los solicitan, ya que las personas insisten en no ajustarse a los tratamientos.


